Trasládate

lunes, 15 de julio de 2013


El valor de ser Humano 

Coralis Orbe
Santo Domingo

En este mundo, al parecer, hay gente que vale por lo que tiene, que le gusta menospreciar y hacerles ver a los demás que su aspecto exterior, como, por ejemplo, el precio de su vestimenta, es lo que define a una persona: es gente que vive en un mundo donde todo es apariencia, sin poner los pies en la tierra. Ese tipo de gente lleva una existencia vacía o llena de vanidad, donde reina la presunción y la vanagloria.

Pero en este mundo también hay gente que no piensa que vale por lo que tiene, sino por lo que es: un Ser Humano. Esta gente hace el bien sin importar a quién, no se fija en cómo viste su prójimo o se expresa o el color de su piel para calificarlo. Simplemente es gente que ayuda y aconseja a quienes lo necesiten.

Valer como Ser Humano, es más significativo que un traje de etiqueta o un perfume importado. La ropa no define a nadie como persona, lo que cuenta es lo que está dentro, la capacidad de ser un Ser Humano sensato y con ganas de lograr objetivos que beneficien a la colectividad. Grandes personas hoy son lo que son por su humildad y corazón sencillo. Para ese tipo de gente cuenta verdaderamente el saludo desinteresado sin importar quién sea la persona, brindar una sonrisa, sin mirar trajes, y no decir que todo está fenomenal cuando es mentira.


No vales lo que tienes. Vales por ser un Ser Humano que siente, que vive y que cuando comete un error se arrepiente y aprende, que cada día trate de superarse y buscar la felicidad, pero sin herir y hacer llorar a los demás. Debemos tener claro que al nacer “nada trajimos al mundo y, sin duda, nada podremos llevarnos”.

“Amores” y otras situaciones

Coralis Orbe
Santo Domingo 

“Sabes que no me voy a ir de tu lado, porque te sigo a donde vayas”, así dice una vieja canción que no dejo de escuchar, porque rompe el dilema de lo que he sido, lo que soy y lo que seré. 
Relaciones. Nunca debemos pensar que siempre es para siempre. 
En esos momentos, pienso en mi familia, amigos y, sobre todo, “amores”. Entonces es cuando llegan a mi mente los recuerdos de esas pequeñas relaciones en las que el “amor eterno” era el gran protagonista.
Sin embargo, con el paso del tiempo, las actitudes y la forma de pensar ese “amor eterno” se convierten en un problema incontrolable. Luego se acaba la relación echándole la culpa a la incompatibilidad de caracteres y hasta ahí llegó el “amor” o mejor dicho la tolerancia. Después cada quien vuelve a empezar, a tener nuevas ilusiones y desilusiones para terminar repitiendo la historia.
Por otro lado, la vida pasa y los años nos dan experiencias que nos hacen ver lo corta que es nuestra estadía en este mundo. Antes, pensar en eso me asustaba. La simple idea de imaginar que algún día dejaré de respirar o de sentir me daba ganas de llorar, pero, a mi edad, eso ya no sucede. De hecho, “pocas cosas dañan mis emociones”.
Lo mejor es que estas situaciones no sólo pasan conmigo, también les sucede a mucha gente (para no decir que a todo el mundo), entonces me doy cuenta que no hay necesidad de tomarse “ciertas cosas” muy en serio. Por el momento, trato de cumplir mis metas, sonreír y pedirle a Dios que este estado de ánimo al que le llamamos “juventud” no acabe mientras viva. Hay que soñar, atreverse, dar un paso al frente, celebrar los años del futuro que nos esperan, gritar y desahogarse.

Confieso que antes no hablaba de estas cosas, porque desde pequeña fui muy tímida, pero alguien se acercó a mí un día y me dijo: “Mira lo más alto que puedas, descubre la magia que hay en el cielo, siempre trata de buscar un detalle que sólo tú puedas encontrar, espera algo por más, pide algo más, porque todo está en la mente, cree en ti y luego brilla, sé tú misma, lucha por tus sueños y verás que poco a poco se hacen realidad”. Eso es lo que hago y me funciona en todas las situaciones de la vida.